Fabulas para niños, el pastor mentiroso

El pastorcito tenía muchas ovejas. Las llevaba al campo para que comieran pasto y las cuidaba por si aparecía el lobo.

Las ovejas comían y el pastor se aburría. Un día, para divertirse, se puso a gritar:

¡El lobo! ¡Socorro! ¡El lobo!

Los campesinos lo escucharon y, dejando sus trabajos, corrieron a espantar al lobo. Fueron con palos y palas, con horquillas y rastrillos.

¿Dónde está ese lobo? -preguntaron.
Entonces el pastorcito se echó a reír.
Era un lobo de mentira -dijo-. ¡Era una broma!

Los campesinos, muy enojados, volvieron a sus campos.
Días después, el pastor volvió a gritar:

¡El lobo! ¡Socorro! ¡El lobo!

Cuando llegaron los campesinos, él les dijo, muerto de risa:
¡Era otra broma!

Pero un día, en el campo apareció… ¡el lobo! Un lobo negro que tenía muchas ganas de comer ovejas.

¡El lobo! -gritó el pastorcito-. De veras, ¡vino el lobo!

“Otro lobo de mentira”, pensaron los campesinos. Y nadie fue a socorrerlo.
El lobo se comió las ovejas más gorditas. Las otras, escaparon de miedo y el pastor perdió todo su rebaño.

Había dicho tantas mentiras que, cuando dijo la verdad, nadie le creyó.
Al que acostumbra mentir, nadie le cree ni cuando dice la verdad.

Moraleja

¡Cuántas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!

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